Vestir a Tremendo III, esta es la historia…

Tras cualquier escrito hay un escritor… Nada se hace solo. Todo tiene un motor, un creador, un soñador… Pues también tras estas torpes líneas hay alguien, debo confesarlo, aunque supongo que por la torpeza de mis renglones torcidos ya lo habrán adivinado… Soy forastero… Nadie es perfecto… Traigo de fábrica un defecto, no soy de Caravaca… Bueno, aunque la Plaza de los Apóstoles tampoco es un lugar cualquiera… Y por si pudiera parecer otra cosa, Sanjuanero… Qué esa zona es San Juan… Los abuelos como yo, saben a que me refiero…

Escuché hablar de los Caballos del Vino. Más en algunos mas de cincuenta años nunca mis pasos me llevaron a disfrutar del Dos de Mayo en Caravaca. Evidentemente no había llegado el momento…

Y sucedieron cosas que acompañaron a sucedidos y un día, alguien, ¿quizás la providencia? me llevó primero a la Plaza del Hoyo, más tarde a la Plaza del Arco…. Recordad…”¡Despertad caravaqueños…!. Al día siguiente recorrí el paseo desde El Templete… A La Simona… Serpenteé por las angostas y llenas de historia calles de casco viejo… Saludé a las bordadoras asomadas al balcón sobre la joyería que tiempo después supe de sus dueños… Jaleé al caballo a ritmo del desenfreno que marcaba la charanga que acompañaba a la Peña Campeón y sudé, sufrí, animé y salté en la Cuesta del Castillo donde aún hoy me muevo torpemente pero intento “abrir la cremallera”, como dicen los propios y no ser el “foráneo” que sea atropellado o que cercene la carrera de un intrépido caballista. 

Y la timidez me impedía preguntar, ¿Cómo conseguís que el caballo luzca a las ocho de la mañana del día 2 tan espléndido?. ¿Cómo es el ritual?. ¿Cómo se viven los minutos de tensa espera, anhelando que el trabajo luzca como el sol, la luna, las estrellas?… ¿Podré estar, vivir, compartir esos momentos?. Unos momentos que en mi vida eran esos en que cortábamos la Olivera y la subíamos a nuestro trono… O recogíamos los capullos de seda de tradición centenaria y los dejábamos a los pies… Momentos íntimos, cargados de emoción, tensión, tradición…

Son las cuatro de la mañana. Tampoco es gran cosa, muchos jóvenes aún están comenzando la reunión de la víspera de festivo. Muchos trabajadores se levantan para acudir a su labor… Pero no son las cuatro de la mañana de un día cualquiera. No me acosté demasiado tarde, ni demasiado descansado. El uno de mayo, fue un día duro y para finalizar, ver las exposiciones de los “otros”… Los caballistas lo llevan con otro talante, como el huertano que espera la lluvia, pero que si no llueve solo espera que llueva… Cuando tenga que llover… El urbanita insufrible busca mil y un argumentos que su opinión, una opinión que ya llevaba grabada a fuego mucho antes de ver nada… El “nuestro” ¡qué fácil es hacerse participe de personas tan generosas!. ¡El vuestro es el mejor!. Me escuchan y sonrien… Ellos si que saben… Conocen su fiesta y tienen criterio… No soy más que un “hooligan” al que han dejado ser parte de ellos, hasta para eso es generosa mi peña…

Suena el despertador y me preparo. Voy a ser espectador excepcional de algo personal, íntimo, único… Y van a vestir a su caballo… Y lo voy a presenciar y me dejan que lo cuente, que lo muestre a todos aquellos que. como yo soñaron poder ser testigo de algo mágico y esto fue lo que ocurrió…

Y aquí está, para que todos podamos disfrutarlo y sentirlo. 

Gracias Peña Campeón, desde la primeras pruebas hasta que el caballo salió a la calle… La alegoría a su dragón mágico… Dos de Mayo, Caballos del Vino… La Cuesta del Castillo… Vuestro manto… Mi manto…

Gracias de corazón.