EL OFICIO DE BORDADORA

Por José Fernando Bermúdez López

El oficio de bordadora

Aprendizaje

En la actualidad no existe una escuela o colegio donde aprender esta labor en Caravaca. Con anterioridad tampoco la hubo, solo en momentos puntuales han surgido algunos cursos-taller  donde iniciarse en este oficio tan creativo.

Las bordadoras de nuestra peña comenzaron de cero. Inexpertas como cualquiera que empieza un trabajo nuevo. Algunas conocían el manejo de la aguja , pero de ahí a bordar un enjaezamiento hay un camino bastante largo.

Comenzaron a la vez que el nacimiento de nuestra peña. Ante la necesidad de sacar un manto bordado en 1983 con los pocos recursos económicos de los que se disponían, algunas mujeres de la peña decidieron bordar un manto muy sencillo, la mayor parte de terciopelo, un poco de cenefa y un motivo central en cada pieza muy simple. No eran necesarias muchas horas y lo podían realizar entre fines de semanas y algunas noches.

Con el paso de los años los Caballos del Vino evolucionaron, al igual que lo hicieron ellas. Poco a poco aumentaron las horas de  trabajo, la dificultad de los bordados. Tanto fue el  nivel adquirido que durante los años 90, recibimos el premio de mejor bordado en Caravaca (algo que no era muy común entonces). Hasta que en 1996 consiguieron el 1º premio tan ansiado.

Materiales

El bordado se compone de varias partes:

– La seda (incluidas las caras). 

– El canutillo, según el color (oro,  plata y cobrizo), según la textura (brillo o mate; liso o rizado). 
– Pedrería (swarovski, cristal de strass, lentejuelas, rocalla, canutillo de cristal, perlas, entre otros).

                           

Otro elemento muy importante son los bastidores. Marcos donde se estira el bordado buscando la tensión adecuada de tela para poder trabajarla.

 Técnicas

Para la seda, se utiliza la máquina de coser. Para los trajes y los paisajes, las caras y demás partes del cuerpo, el bordado  se realiza a mano.

 El canutillo, por el contrario, siempre se trabaja a mano.

 Anécdotas

En los inicios de la Peña, sobre los años 80, una de las bordadoras que bordaba en su casa, derramó accidentalmente una olla con comida encima de una pieza que estaba a medio terminar. Se afanó cuidadosamente en limpiarlo todo y se pudo disimular la gran mancha que dejó como rastro la comida.

En el mes de abril y algunos años también en marzo, las bordadoras trabajan tantas horas al día que terminan a las 2 ó 3 de la madrugada. En alguna ocasión al cruzarse con una patrulla de la Policía Local que realizaba su ronda, los agentes se han ofrecido a llevarlas a sus casas.

En el año 2015, unos electricistas estaban trabajando en el piso inferior del actual taller de bordado. Un operario con una taladradora de grandes dimensiones hizo un agujero tan profundo en el techo que levantó varias losetas del suelo del taller, provocando un enorme agujero. Las bordadoras se llevaron un gran susto, pues en ese momento se encontraban sumidas en la faena dentro del taller. Resultó que el operario responsable del desaguisado fue un conocido caballista de una  Peña “rival”, lo que genero muchas risas por “el acto de espionaje”.

Más que una anécdota es una constante: La gran cantidad de horas y trabajo que dedican las bordadoras al enjaezamiento quitándoselo a sus propias familias. Sin ellas este gran proyecto no podría salir adelante.