La Carrera de la Cuesta…

Por Paco Urbán (Garban)

Para un forastero las Fiestas de Caravaca son impactantes, curiosas, luminosas… Los lugareños no encontrarán nada distinto en sus fiestas, los que las disfrutamos por primera vez nos sorprenden…

“La curiosidad mató al gato” dice el refrán… Bajo la higuera, junto la acequia mientras esperaba mi turno “pa” levantar el tablacho que riega mi tabla de tomateras me puse a pensar…

Que un caballo y unas arrobas de vino dieran “pa tanta algarabía” no es algo al uso de un güertano de la misma “Plaza de los Apóstoles”. No es sencillo que le entre por la sesera de forma natural, a alguien que espera que el cielo le ilumine con una “miaja” de agua que refresque su gaznate, que riegue sus lechugas y que sea benévola para que sus patatas alcancen en la lonja un precio que le permita alimentar a su familia, entender que algo pasó entre unos árabes colonizadores, unos ángeles, unos caballos y unos caravaqueños bravos e insistentes .

“Tengo que informarme” me impuse como reto. Y busqué en la red. Hoy por hoy es más fácil que acercarse a una biblioteca… Entre otras cosas, allí junto a mi tahúlla de bajocas recién “plantás” es más fácil encontrar wifi que un libro…

Pronto descubrí referencias y al instante encontré el camino… Mi pasado como zahorí es un punto mas a mi favor como buscador en “Google”. Tomé como ilustrador de la historia, por su pluma fácil, su didáctica que nos imbuye en la misma historia que nos desvela, al incontestable, conocedor, ilustrado y cariñoso en sus textos don José Antonio Melgares… Cronista e historiador de Caravaca de la Cruz y nuestra Región de Murcia.

Nos relata el señor Melgares en su trabajo “La fiesta de los Caballos del Vino. Un exponente antropológico… (sic)“, que largos son los títulos “pa” los que en un “tris” pasamos de estar con “Cansera“, como describía nuestro recordado Vicente Medina a…. “Murcianos de dinamita frutalmente propagada” como nos dibujaba nuestro no menos llorado Miguel Hernández…

Así se expresa el profesor Melgares:

(sic) “El festejo, que se sitúa en el marco temporal de las fiesta de la Vera Cruz (en pleno ciclo festivo de la primavera), tiene su explicación legendaria en incierta época medieval (centrada en los años en los que los Templarios tuvieron la tenencia de Caravaca: 1244-1310), cuando estando sitiado el castillo caravaqueño  por los moros granadinos (no hay que olvidar que la frontera con el reino nazarita de granada se movió muy poco entre los siglo XIII-XIV y XV a sólo 50 km. de Caravaca), y habiéndose acabado el agua de los aljibes, un grupo de valerosos caballeros, burlando el cerco enemigo, salieron de la fortaleza en busca de agua a las inmediaciones de lugar. No hallaron agua en condiciones de potabilidad, pero si vino en unos lagares abandonados del lugar de El Campillo, en el camino de Lorca. Cargaron sus jumentos con abundantes pellejos del líquido elemento y, en veloz carrera, volvieron a violar el cerco agareno regresando al castillo caravaqueño donde los pobladores les agasajaron adornando con colchas y cintas multicolores los lomos de los animales. La carrera, pues, centro neurálgico del festejo, estaría justificada en esa prueba de fuerza con que acaba anualmente el festejo a mediodía del 2 de mayo.

La leyenda transmitida oralmente de padres a hijos, aunque de origen y características románticas decimonómicas, tuvo su forma literaria, y la llevó al papel el cronista y poeta Manuel Guerrero Torres en los primeros años del siglo XX, en plena época y estilo modernista… (sic)”

¡Uffffff… que difícil de gestionar tanta heroicidad y valentía de los lugareños… Con lo bien que se queda uno sin salir de la valla que nos protege…!

Siguiendo leyendo a Melgares nos desvela, en ese mismo texto, el porque de la cuestión… Esta vez más mundana, más asequible…

(sic) “Así como en otros lugares de actividad vinaria se bendice el primer mosto, o la simiente de la seda en la Huerta de Murcia, en un sentimiento comunitario de súplica a la Divinidad por la abundancia de las cosechas y agradecimiento a la misma por su conclusión, en Caravaca las instituciones locales y las familias nobles e hidalgas, hacían llevar hasta la iglesia del castillo, donde desde el siglo XIII se guarda y venera la reliquia de la Cruz de Cristo, y a lomos de caballos y yeguas conducidas por mozos obreros de dichas instituciones y familias, pellejos de vino de la última cosecha para ser bendecido en presencia de la Cruz en la mañana de la víspera de la Fiesta Mayor (el 3 de mayo). La ceremonia se celebra desde tiempo inmemorial y son relativamente abundantes las noticias documentales relacionadas con los gastos de concejo, la Encomienda de Santiago, y menos abundantes las relativas a familias particulares por razones obvias, que tenían que ver con la adquisición de cintas y otros adornos con que vestían o adornaban sus respectivos animales para el acto de la bendición del vino, en el castillo, al pie de la Cruz, cada mañana del 2 de mayo.

A la ceremonia litúrgica en el interior del tempo asistían los jerarcas locales acompañados de los jefes de los clanes familiares y gentes en general de la alta sociedad local, pero no tenían acceso al recinto sagrado los sirvientes de las instituciones y casas señoriales que, una vez cumplida la primera parte del acto (que era conducir los pellejos llenos de vino hasta el lugar indicado del templo), aguardaban en el exterior del mismo el final hasta de los actos para, de la misma manera que habían llevado el vino hasta el castillo, devolverlo a sus lugares de origen, ya sacralizado por la presencia de la reliquia.

Estos mozos, mientras aguardaban la conclusión de la ceremonia litúrgica se entretenía en loar las virtudes de sus respectivos animales, así como su fuerza y proezas en el trabajo del campo. En algún momento de incierta ubicación cronológica, las posibles rivalidades de las casas, o la exageración en la narración de la fuerza pudieron llevar al enfrentamiento entre mozos, y a la cita en la cuesta para medir en realidad, y a la vista de los demás, las fuerza, el estilo, el coraje y la bravura del animal, y también de los mozos que lo conducían.

Ese y no otro debió ser el origen de la carrera, mientras que el del enjaezamiento de los animales vendría dado por la originalidad y riqueza en el atuendo que, para la ocasión vestía el corcel. Uno y otro aspecto se premian en la configuración actual del festejo… (sic).

Al leer a Melgares me da un sarpullido,… ¡qué no sudo yo para que mis cañicas del entutorado del tomate se me queden tiesas y bien “proporcionás”, como “pa” pensar que tengo que salir a buscar agua con mi borrica…!

¡Qué no, que “to” empezó como “to” comienza!… ¡Qué nos aburre el esperar a que el amo salga de misa…!

¡Viva el dos de Mayo, Viva la Carrera de la Cuesta, Vivan Los Caballos del Vino, Viva la Peña Campeón!